Cuando la soledad se apodere de usted
No ignore sus sentimientos :
La soledad es un sentimiento doloroso. Quienes experimentan tal sentimiento saben cuán profundamente puede herir su autoestima. Por tanto, no debemos ignorar los momento en que la sensación de soledad se intensifique. Habrá momentos inevitables en que sentiremos la soledad. Pero, del mismo modo, habrá ocasiones en que disfrutaremos estar a solas.
La soledad no depende de la compañía que tengamos, de nuestra posición social o de nuestros ingresos. Algunas de las personas más ricas del mundo son también las más solitarias, y algunas de las más pobres son también las más felices. David era el rey ungido de Israel, pero esto no le evitó batallar contra un profundo sentimiento de soledad. Tuvo que aprender cómo manejar estos sentimientos, y nosotros tenemos que hacer lo mismo. La soledad es una puerta que lleva a otras emociones negativas. Si no la enfrentamos, podemos terminar batallando además con sentimientos de amargura, enojo y frustración.
Negar la realidad de la soledad no es la alternativa. Decir a los demás: “No me siento solo” cuando usted se está desmoronando por dentro, no hace mucho bien. Esto sólo enmascara el problema, el cual, si no es atendido, hará que la soledad mine sus energías, divida su mente y le impida disfrutar la bondad de la bendición de Dios. El sentimiento de soledad es una de las principales armas de Satanás para desanimarle. A él le encanta hacer que usted no se sienta querido, necesitado y capaz, como si nadie se interesara por usted. Él sabe que si puede socavar su confianza en Dios, podrá erosionar sus emociones con sentimientos de duda y de una baja autoestima.
El objetivo de Satanás es evitar que usted llegue a ser aquello para lo cual Dios le creó. Mi consejo para los creyentes es el siguiente: No crea ni una sola palabra de lo que le diga el Enemigo. Jesús dejó muy claro que Satanás es un mentiroso y que no hay verdad en él (Jn. 8:44). ¿Cómo puede usted reconocer su voz? Pídale a Dios que le dé un corazón capaz de discernir. Asegúrese de que su vida esté libre de todo pecado. El perdón de Dios purifica nuestras emociones. Esto nos posiciona para oír la voz de Él y entender Su verdad, por encima del clamor de Satanás.
También es necesario que usted aproveche estas verdades: Dios le ama con un amor eterno, y Él ha prometido que nunca le abandonará (Jer. 31:3; He. 13:5). Esto significa que usted nunca está solo. Cuando usted va al mercado o a su trabajo, Él está con usted, justo a su lado. El Señor está consciente de todos los problemas que usted enfrenta, y tiene la solución. Conoce sus dificultades, sus obstáculos y la ruta que usted necesita tomar.
David centraba su corazón en el Señor, no en sus circunstancias. Si usted deja sus cargas a Cristo para permitir que Él actúe, notará una gran diferencia en su manera de enfocar la vida. No será golpeado por los sentimientos de soledad. En vez de ello, podrá decir, como David: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo (Sal. 23:4). Jesucristo es su buen Pastor, y usted no tendrá necesidad jamás de poner en duda Su infinito amor y el cuidado personal que Él tiene de usted.
No debemos olvidar jamás que Dios nos creó para tener compañerismo con Él. Esto era parte de su plan original. Él desea nuestra amistad, nuestro amor y nuestra adoración, pero muchas veces tenemos miedo de abrirle nuestro corazón, y transferimos esta misma vacilación a otras relaciones. Conocemos a personas nuevas, pero en lugar de dedicar tiempo para conocerlas, apartamos esas posibles amistades al proyectar mensajes tales como: “No te me acerques mucho”. “Quédate donde estás”. Los consultorios de los médicos están llenos de personas que sufren emocionalmente. Es que han dejado fuera a Dios, le han cerrado la puerta a Su compañerismo y han desestimado la necesidad que tienen de otras personas. Pero David, a pesar de que tuvo destrozado el corazón, se negó a caer en esa actitud
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