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sábado, agosto 17, 2024
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    Hechos 20 - Biblia Castilian 2003

    Viaje de Pablo a Macedonia y Grecia

    1. Una vez calmado el alboroto, Pablo hizo buscar a los disc pulos, los exhortó, se despidió de ellos y emprendió viaje hacia a Macedonia.

    2. De paso por aquellas regiones, los animaba con largos discursos, y as llegó a Grecia.

    3. Tres meses llevaba all; y ante las insidias tramadas por los jud os contra él cuando se dispon a a navegar a Siria, tomó la determinación de volver por Macedonia.

    4. Le acompa aban Sópatro de Pirro, natural de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe; Timoteo, T quico y Trófimo, de Asia.

    5. Éstos se adelantaron y nos esperaban en Tróade.

    6. Nosotros, pasadas las fiestas de los ázimos, embarcamos en Filipos y sólo cinco d as después los alcanzamos en Tróade, donde nos detuvimos siete d as.

    Visita de despedida de Pablo en Troas

    7. Congregados el primer d a de la semana para partir el pan, Pablo, que ten a la intención de marchar al d a siguiente, se puso a hablarles, y alargó la plática hasta la media noche.

    8. Hab a muchas lámparas en la estancia superior donde nos hallábamos reunidos.

    9. Un muchacho de nombre Eutiques estaba sentado sobre la ventana y se iba adormilando a medida que Pablo prolongaba su discurso, hasta que, vencido por el sue o, cayó desde el tercer piso abajo y lo recogieron ya muerto.

    10. Bajó Pablo se echó sobre él y tomándolo en brazos dijo: "No os preocupéis. Todav a alienta".

    11. Subió de nuevo, partió el pan, lo comió, continuó platicando bastante más hasta el alba y, por fin, se fue.

    12. Se llevaron al muchacho vivo, con gran consuelo de todos.

    Viaje de Troas a Mileto

    13. Nosotros nos adelantamos en barco y navegamos hacia Aso, con intención de recoger all a Pablo, que hab a decidido hacer el viaje por tierra.

    14. Cuando nos alcanzó en Aso, lo tomamos a bordo y llegamos a Mitilene.

    15. Zarpamos de all y al d a siguiente llegamos a la altura de Qu os; al otro, cruzamos hasta Samos, y al siguiente arribamos a Mileto.

    16. Pablo no quiso hacer escala en Éfeso para no detenerse en Asia, pues ten a prisa por estar en Jerusalén, si le fuera posible, para el d a de Pentecostés.

    Discurso de despedida de Pablo en Mileto

    17. Desde Mileto envió a Éfeso a buscar a los ancianos de la Iglesia.

    18. Cuando llegaron, les dijo: "Vosotros sabéis muy bien cómo me he portado con vosotros todo el tiempo, desde el primer d a que puse el pie en Asia,

    19. sirviendo al Se or con toda humildad y lágrimas y adversidades, ocasionadas por las insidias de los jud os;

    20. cómo nada callé que pudiera seros de provecho ni dejé de predicaros e instruiros tanto en público como en privado,

    21. proclamando solemnemente a jud os y a griegos la conversión a Dios y la fe en nuestro Se or Jesús.

    22. Ahora, encadenado por el Esp ritu, voy camino de Jerusalén, sin saber lo que en ella me espera,

    23. fuera de que el Esp ritu Santo en cada ciudad me va asegurando que me aguardan prisiones y tribulaciones.

    24. Pero yo en nada estimo la vida, que sólo considero valiosa para terminar mi carrera y el ministerio que recib del Se or Jesús de anunciar el evangelio de la gracia de Dios.

    25. Mirad: yo sé que no veréis más mi rostro ninguno de vosotros, entre los que pasé predicando el reino.

    26. Por ello quiero daros claro testimonio en el d a de hoy de que estoy limpio de la sangre de todos,

    27. porque ningún temor me impidió anunciaros todo el designio completo de Dios.

    28. Tened cuidado de vosotros mismos y de toda la grey, en la cual el Esp ritu Santo os ha constituido inspectores para pastorear la Iglesia de Dios que él se adquirió con su propia sangre.

    29. Sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles, que no perdonarán al reba o;

    30. y de entre vosotros mismos surgirán hombres que ense arán cosas perversas y arrastrararán tras de s a los disc pulos.

    31. As, pues, vigilad, recordando que, a lo largo de tres a os, ni de noche ni de d a cesé de aconsejar con lágrimas a cada uno en particular.

    32. Ahora os dejo encomendados al Se or y a la palabra de su gracia, que tiene poder para edificar y concederos la herencia con todos los santificados.

    33. De nadie codicié plata, ni oro, ni vestidos.

    34. Vosotros mismos sabéis que con estas manos m as me he ganado mi sustento y el de los que han estado conmigo.

    35. En todo procuré ense aros con mi ejemplo que as, con fatigas, hay que socorrer a los necesitados y recordar las palabras del Se or Jesús, que dijo: "Hay más felicidad en dar que en recibir"".

    36. Dicho esto, dobló sus rodillas con todos ellos y se puso a orar.

    37. Hubo gran llanto por parte de todos, que, arrojándose a su cuello, lo besaban,

    38. sumamente entristecidos, sobre todo por lo que hab a dicho de que ya no volver an a ver su rostro. Y le fueron acompa ando hasta el barco.